La busqueda del cuerpo perfecto

Ser apuesto/a o tener el cuerpo perfecto depende más de la autoestima o la confianza que en pastillas para hacer dieta y correr veinte kilómetros a la semana.

“Demasiado alto”

“Demasiado Bajo”

“Demasiado gordo”

“Demasiado delgada”

“Demasiado flácida”

“Demasiado débil”

¿Quién habla con estas frases negativas? No nuestros amigos, ni la gente que respetamos o apreciamos. A veces, tal vez lo pensamos o decimos sobre personas que no nos gustan. Pero principalmente nos lo decimos a nosotros mismos. Sin importar que tan bien te sientas sobre tus logros y habilidades, es bastante difícil actuar con confianza si no te sientes bien en relación a la manera en que te ves.

Nuestra imagen en realidad se compone de dos imagenes. Una, la que vemos cuando nos vemos en frente del espejo, nuestra imagen real. La otra es la imagen mental de cómo pensamos que debiéramos ser, esto es, nuestro ideal de cuerpo perfecto. Algunas veces nuestro ideal de cuerpo perfecto afecta la manera en que nos vemos en el espejo.

Por ejemplo no vemos nuestras piernas como realmente son, en cambio las vemos comparadas con nuestro ideal de cuerpo, con cómo deberían verse. En vez de decir “esas son mis piernas, muy bien!” nos decimos “esas son mis piernas y son demasiado gordas!”. Y cuando no nos sentimos contentos con la manera en que pensamos que deberíamos vernos, no podemos relajarnos o sentirnos seguros en frente de otras personas. Si te dices una y otra vez “soy feo” “soy fea”, terminarás por creértelo y comenzarás a actuar como si fuera cierto. Tu confianza, por supuesto, sale volando por la ventana.

En nuestro interior, en lo profundo, sabemos que hay cosas mucho más importantes que el aspecto. Cuando otras personas nos preguntan qué es importante para nosotros decimos “ser amable”, “ser amistoso” o “ser leal” por ejemplo. Pero cuando nos miramos al espejo nos decimos “lo que es importante es la manera en que me veo, y no me veo lo suficientemente bien”. Nuestras ideas de lo que está bien y lo que está mal, nuestro ideal de tener el cuerpo perfecto proviene de diferentes lugares, comenzando con nuestra familia y amigos. Incluso cuando aún somos jóvenes, vemos a los adultos hacer dieta, ejercitarse y preocupándose por lo que deben comer. La gente a menudo se disculpa antes de comer, como si estuvieran haciendo algo malo. ¿Alguna vez diste alguna excusa como “no comí en todo el día” antes de empezar a comer sin parar?

La imagen de lo que debería ser un cuerpo perfecto nos acosa una y otra vez en los medios. Las publicidades de TV nos dicen que las mujeres debieran ser delgadas y altas, con una cintura pequeña, muslos alargados y sin cadera; mientras que unos brazos enormes, una espalda ancha y grandes cuádriceps son lo deseado en hombres.

Un pequeño vistazo alrededor tuyo te mostrará lo contrario, que las personas en el mundo real vienen en todos los tamaños, formas y colores. Pero luego de mirar las publicidades que sólo nos muestran un sólo modelo de cuerpo humano y los comparamos con la manera en que nos vemos, comenzamos a sentirnos inadecuados, como si estuvieramos fuera de lugar cuando en realidad no es así.

Con tanta gente que se siente miserable por este hecho y carecen de autoestima y una imagen corporal negativa, el negocio de las dietas, equipamiento de ejercicios e incluso las cirujías ha tenido una escalada enorme. La gente quiere esas cosas porque piensan que es lo que necesitan para ser o tener un cuerpo perfecto. Y perfecto es sinónimo de felicidad, o al menos es lo que los anunciantes venden…

Si te pasas la vida preocupándote por lo que no te gusta de ti, nunca serás feliz

Tienes que comenzar a abrazar la idea de que se puede cambiar. Y no me refiero a nuestros cuerpos (que obviamente también pueden cambiar), sino a nuestras actitudes. Si te ves identificado con algunos pensamientos de los de arriba, tal vez sea momento de dejar de jugar el juego del cuerpo perfecto en nuestras cabezas. Podríamos comenzar a aceptar que la manera en que nos vemos ahora está bien. Nos vemos como nosotros mismos, y cada uno tiene su propio cuerpo, cada uno es diferente en ese sentido, y aunque en este momento te cueste creer todos y cada uno de nosotros tenemos nuestro atractivo. Cuando comencemos a concentrarnos en nosotros mismos como individuos, comenzaremos a desarrollar una confianza que verás es mucho más atractiva que el aspecto.

Es parte de nuestra naturaleza como humanos el tratar de mejorar, de ser mejores todo el tiempo. Algunos de nosotros queremos ganar o perder peso o ser más fuertes porque sabemos que estaremos más sanos y mejorará nuestra sensación de bienestar. No hay nada de malo con eso.

Pero entonces ¿cómo notamos la diferencia entre lo que es estar saludable y lo que no lo es para cambiar nuestros cuerpos?

La diferencia es la actitud. Si te decides a perder peso, y dejas de preocuparte por tu apariencia una vez que has perdido ese peso, entonces está bien. Pero si no puedes parar de hacer dieta, o te preocupas en extremo cuando faltas a una clase de spining, o llevas tu cuerpo a límites que son poco saludables, entonces puede que tengas un problema; uno que puede afectar tu salud. Para algunos, estar delgado o ser más fuertes se vuelve una adicción. Y a veces este es un problema que nada tiene que ver con la imagen corporal.

Mi consejo: no creas todo lo que ves en los anuncios, ni mucho menos te sientas inadecuado o incómodo con tu cuerpo. La televisión y los medios tienen muy poco que ver con el mundo en el que vivimos, créeme…

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